Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Javier Gómez Torres

Editor TIC en el Grupo SM

El uso del velo islámico en clase y el derecho a la educación

Menuda bronca se ha montado en Madrid a raíz de la expulsión de una chica de 16 años por el motivo de acudir a clase con el velo islámico. La verdad, que hacía tiempo que una noticia procedente del ámbito educativo no levantaba tanto revuelo, y es que parece ser que a esta sociedad le da bastante morbo asistir a un espectáculo en el que hay un menor de por medio, y en el que tanto los padres, como el colegio, como las instituciones políticas, culturales y religiosas, tienen mucha culpa de lo que está ocurriendo, y el menor, como suele ocurrir, acaba siendo la víctima de todo lo que pasa a su alrededor.

Tienen la culpa los padres, y mucha, por no informarse antes de matricular a su hija en el centro de estudios sobre el ideario del centro, y de las normas de convivencia que el consejo escolar ha votado. Así, está claro que era su obligación informarse, puesto que los que no se puede pretender es intentar cambiar las normas una vez que el curso está en marcha, alegando en este caso motivos de libertad de expresión religiosa, que es algo que en este país existe, pero que no contradice para nada las normas del centro, que en ningún momento se expresan en contra de ninguna religión.

Tiene la culpa el centro de estudios, por no haber previsto este problema y haber intentado solucionarlo de una manera menos traumática para su alumna. Cuando estudié la carrera de psicopedagogía, un profesor nos habló de la estructura de los tres anillos sobre los que debe afectar todo acto educativo:

– El anillo central, que es el propio alumno.

– El anillo intermedio, que es el entorno más íntimo del alumno.

– El anillo exterior, que es el medio en el que el alumno desarrolla su vida.

Pues bien, en este caso, el centro tendría que haber actuado sobre la familia (anillo intermedio) y debería haber buscado la posibilidad de mediación de organizaciones que hubiesen facilitado la solución a este conflicto (anillo exterior), y lo único que ha hecho es intentar actuar sobre el alumno, indicándole una serie de normas sobre las que, me temo, poco podía ella hacer.

Porque aquí radica, según todos los agentes, el quid de la cuestión, que es la interpretación que hacen unos y otros sobre la posibilidad de que haya sido la chica la que haya elegido, motu proprio, vestir esta prenda que tanta polémica ha generado.

Aún así, me gustaría exponer aquí mi opinión, que es que el centro ha actuado correctamente al no ceder a las presiones cambiando su reglamento. No me parece que en medio de esta polémica fuese el momento de hacerlo.

Por último, tienen la culpa las asociaciones que se han metido por medio y que no han ayudado precisamente a resolver el problema. Nos encontramos con Movimiento contra la intolerancia, que ha pecado, si se permite, de intolerante por censurar la postura del centro educativo sin intentar actuar como entidad mediadora. Tienen la culpa los imanes, los sacerdotes católicos, y todos aquellos que alegando que su religión es la única y verdadera claman al cielo tanto a favor como en contra del uso del pañuelo en las aulas, y tienen la culpa las instituciones políticas por haber hecho de este problema un motivo para una nueva bronca política.

Al final aquí la única víctima es la alumna, que ha visto mermado su derecho a la educación, y mientras tanto el instituto se ha levantado hoy plagado de pegatinas de un grupo ultraderechista, con el lema “Stop a la islamización”. A ver cómo trabajan ahora los profesores, teniendo en cuenta la cantidad de ojos que van a examinar con lupa lo que pase de aquí en adelante en sus aulas, y a ver cómo se integra la alumna en su nuevo instituto, ahora que los medios de comunicación han abierto la veda sobre lo que se supone tiene que ser la intimidad de una menor.

Lo dicho, flaco, pero muy flaco favor, se le ha hecho a esta alumna y, en general, al mundo educativo.



escrito el 21 de abril de 2010 por en General

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